Chimeneas para decorar y calefaccionar el hogar

Línea de fuego
Desde las clásicas estufas cañón, con el cuerpo totalmente cerrado y forma cilindrica, hasta las denominadas estufas-hogar, con puertas que permiten la contemplación del fuego y que, en mayor o menor grado, se inspiran en la chimenea Franklin, diseñada por el político norteamericano en 1740, la oferta que se puede encontrar en el mercado es amplia y diversa. Además del gusto personal, a la hora de adquirir un modelo de estufa hay que valorar la
habitación donde se colocará: el aislamiento térmico existente y el volumen de la estancia determinado en metros cúbicos indicarán cuál es la potencia más adecuada para conseguir caldear toda la estancia. A título orientativo, se puede establecer que con una potencia de 4 kw se calienta un volumen entre 60 y 80 m’ y con 6 kw se caldean de 120 a 150 m:!. La forma de transmisión de ese calor suele ser por radiación en las estufas antiguas, y por radiación y convección en los modelos más modernos. La diferencia principal entre estas dos emisiones está en que la radiación tiene un alcance muy limitado y el calor sólo llega a la zona próxima a la estufa -se recomienda situarla en el centro de la habitación para que los rayos calóricos no se interrumpan al chocar con las paredes y los objetos-, mientras que la convección, que ofrece mejores resultados térmicos, calienta el aire frío que se introduce por la parte baja de la estufa, empujando al caliente que sale al exterior caldeando el ambiente, y así sucesivamente.
En cuanto a los materiales utilizados en la fabricación de estufas de leña, el hierro fundido y el acero son los más habituales por su resistencia y buena conducción del calor. Los modelos de hierro, muy apreciados desde antaño, suelen calentar por radiación y soportan perfectamente las dilataciones provocadas por el calor. Al encenderlas, hay que tener presente que el calentamiento debe de ser lento y progresivo porque los choques térmicos pueden producir fisuras muy difíciles de arreglar. Por el contrario, el acero, al ser más elástico, absorbe mejor los cambios bruscos de temperatura, pero no puede trabajarse con la profusión de ornamentos decorativos que caracterizan a los clásicos modelos de hierro. La mayoría de las estufas de acero incorporan dispositivos de convección y, por tanto, pueden situarse en cualquier parte de la estancia sin malograr ni un ápice de su rendimiento. Además, algunas de ellas están equipadas con un ventilador que aumenta la potencia calorífica por convección, a la vez que acelera el movimiento del aire dentro de la habitación, aunque en algunos casos su funcionamiento puede ser algo ruidoso. Tanto los modelos realizados en hierro como en acero pueden disponer de un sistema de doble combustión que eleva considerablemente el rendimiento térmico y logra una mejor combustión de los gases, destruyendo buena parte de sus sustancias contaminantes antes de que salgan a la atmósfera. Por otra parte, resulta muy interesante que incorporen un dispositivo de estrangulación del tiro que permita abrirlo o cerrarlo a voluntad para obtener una combustión más rápida o más lenta de la leña. También será muy práctico de cara a la limpieza de la estufa que tengan un cajón re-cogccenizas que cierre herméticamente y que sea fácil de extraer, transportar y vaciar. Además, una estufa, que hasta hace unos pocos años sólo podía caldear una habitación, puede hoy formar parte de un sistema de calefacción para varias estancias, siempre teniendo en cuenta que la potencia de la estufa tendrá que ser mayor y que será necesario que su funcionamiento sea lo suficientemente continuado.

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