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El arte de Alex Katz

Sin duda, Alex Katz es uno de esos artistas a los que sentará mal cualquier patrón que le apliquemos con demasiado rigor. Antecedente de la sensibilidad pop en muchos aspectos, como puede ser la vuelta a las imágenes y la preocupación por la línea, se aleja sin embargo de ella en lo que se refiere a los temas. Un repaso a su obra desde el comienzo de los años 50 nos revelará cómo Katz no tuvo que utilizar prácticamente nunca el recurso de la cultura de la imagen de la sociedad postindustrial para justificar su interés por la representación, y aun así fue capaz de hacer una figuración profundamente moderna. Formado en la Cooper Union, una escuela neoyorquina de orientación figurativa, y más tarde en la Skowhegan School de Maine, donde descubre la pintura al aire libre, que tan importante va a ser en su obra, Katz se relaciona desde muy pronto con el grupo de expresionistas abstractos neoyorquinos, con muchos de cuyos miembros mantendrá una fuerte amistad. Le interesan muchas cosas de ellos, por ejem-
pío, la espontaneidad y energía de Pollock influyen en algunas pinturas de árboles de sus comienzos, pero en todo momento parece dejar claro que sus búsquedas se mueven en una dirección diferente a la del expresionismo abstracto. Lo que Katz quiere encontrar es una fórmula que le permita, sin caer en el realismo tradicional, retomar esa corriente más intelectual y menos pasional de la pintura que estaba soterrada en aquellos momentos. El fue uno de los primeros en darse cuenta de que la abstracción podía convertirse también en un academicismo amanerado y vacuo. Katz revisará a fondo los antecedentes de esta corriente pictórica. Manet y Gauguin, con su rechazo del efecto de tridi-mensionalidad, se convertirán en un punto de apoyo importante. No dudará tampoco en utilizar fotografías como punto de partida de sus obras, algo inusual en aquellos momentos. Poco a poco su pintura va decantándose hacia la utilización de colores planos y acercándole al pop que se gesta en aquellos momentos. Sin embargo, la «frialdad» de Katz, si es que existe, no es exactamente de la misma estirpe de la imágenes del más puro pop art. Si en ambos casos encontramos una evidente falta de inocencia, quizás en la sensibilidad de Katz se consena un lejano deje de nostalgia por la imposibilidad de volver a pintar desde ella.