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Decorando la casa

El equipo de decoradoras formado por Malú Linares y Luisa Astrain llevó a cabo la reforma completa de esta vivienda, situada en un edificio de principios de siglo cercano al madrileño parque de El Retiro. La redistribución de las estancias y, sobre todo, la eliminación de tabiques fueron los objetivos principales que se impusieron. El resultado fue un entorno caracterizado por ambientes diáfanos en los que el color juega una importante baza. Así, para las paredes de los espacios comunes, como el recibidor, el pasillo y el salón-comedor, se eligió una mezcla de colores rosa y bermellón que logra un efecto original y añade calidez a las estancias. Este efecto compensa también la altura de los techos adornados en su contorno por molduras de escayola cuyos relieves se conservaron o se recuperaron copiando los originales. La elección de este color se debe, además, a la intención de la propietaria de la vivienda de ofrecer un marco muy personal a su particular colección de arte protagonizada por lienzos polícromos de Ignacio Llor, cuadros de trazos simbólicos de Ferrán García Sevilla o esculturas firmadas por Antonio Pérez Castro, aderezados por la nota racial que añade una bailaora de Eduardo Arroyo. En la reforma se respetaron también el antiguo suelo de madera de pino melis, los radiadores de hierro con relieves y las puertas de paso con cuarterones, en algunas ocasiones, de espejo. En cuanto a la distribución de la vivienda, ésta se articula a partir de un pasillo que, desde un amplío recibidor, se extiende hasta el comedor, dejando en uno de sus lados el acceso al único dormitorio del que goza la vivienda y que incorpora un cuarto de baño propio. Una vez traspasado el aseo de invitados, se accede al comedor que comparte espacio con el amplísimo salón, del que se separa tan sólo visualmente gracias a unos pilares pintados en el mismo tono de las paredes. En el comedor comparten espacio un mueble coreano, de 1880, que se empleaba para guardar quimonos y tibores, y una mesa de comedor art déco, adquirida en Antigüedades Siglo 20, con sillería tapizada con una tela en tonos crudos firmada por Manuel Cánovas que se adquirió en Casa & Jardín. El comedor comunica directamente con la cocina, que se amuebló jugando con el contraste del blanco de los muebles y los azulejos, y el acero inoxidable de los electrodomésticos y los accesorios procedentes de La Oca. En el salón, estancia en la que la luz penetra a raudales a través de tres grandes balcones, se crearon dos ambientes bien definidos. En torno a dos sofás tipo chéster situados uno frente al otro, se dispuso la zona de tertulia que se completa con dos chaises longues y una mesa de centro de madera de teca. En el lado opuesto se ubicó el área de lectura, con una librería de obra encastrada en la pared y pintada en el mismo tono rosa. Frente a ésta y sobre una espléndida alfombra de Miguel Stuyck, se colocaron dos butacas tapizadas con una tela de terciopelo de Designers Guild, adquirida en Usera Usera. En medio se colocó una mesa antigua procedente de Villa & Lar, bajo la que descansa un tibor de madera adquirido en un viaje a la India. Completa el espacio un buró de estilo Luis Felipe, que data de principios de siglo XIX, sobre el que destaca una escultura con forma de cohete, obra de Luis Pérez Calvo y procedente de la galería de arte Seiquer. En el dormitorio impera una atmósfera relajada, decorada a base de tonos crudos, con alfombras artesanales de nudo y cortinas de seda salvaje, y amueblada con piezas de origen indonesio. Para iluminar toda la casa se eligieron lámparas de diseño, procedentes de Luz & Espacio, que destacan frente a los complementos decorativos étnicos, fruto de diversos viajes por países lejanos.

Decorar un dormitorio

El uso de un soporte para levantar el colchón del suelo comenzó a proliferar en Europa a principios del siglo XVII, pues hasta entonces se posaba sobre el suelo y las camas señoriales sólo servían para ceremonias y como símbolo de poder. Será en la época romántica cuando la cama comience a tomar protagonismo y empiecen a surgir los diversos estilos más o menos populares. Es el caso de esta cama elegida para el dormitorio de una casa de campo andaluza. Se trata de una reproducción en hierro y latón de un modelo finisecular, cuyos postes de apoyo sostienen una colgadura de etamina en tono crudo, rematada con encaje. Para la amplia cama se eligió un edredón con volantes, confeccionado con el modelo Ajedrez de la firma Piü Belle, con varios almohadones y rodillos a juego, y cuadrantes de encaje de Camarinas. Todo procede de Jara, así como la elegante bata de baño de piqué. Para completar el ambiente, se colgaron unos cuadritos de textiles antiguos del más puro estilo folk americano. El espejo, la lámpara y el resto del mobiliario se adquirieron en Antigüedades Antonio Martín.

Decoracion del año 50

Los cincuenta magníficos
Las seríes de televisión, los anuncios publicitarios, los modistas más afamados, las estrellas de cine, los joyeros más chic, los creadores consagrados, los jóvenes diseñadores, los locales más extravagantes, las galerías y tiendas especializadas. En fin, todos aquellos sectores que nos hacen seguir a pies juntillas los dictados de la moda se han empeñado en revisar la estética de una década fascinante, seductora y un poco olvidada hasta ahora: los fantásticos años 50. Asistimos encantados a la reedición de muebles originales y a la aparición de nuevas interpretaciones donde la geometría, en su esencia más pura (esferas, triángulos, cubos, rombos…), impone sus formas, aliadas del metal (acero, aluminio y hierro pintado sobre todo en las estructuras tubulares de las patas) y de las tapicerías monocolores de piel o plástico en tonos no utilizados frecuentemente en decoración (turquesa, naranja, violeta, amarillo limón, morado, azulón). Algunos botones de muestra de esta fiebre cincuentera son los platos de cristal que combinan los binomios rojo/naranja y verde/azul, y la lámpara de sobremesa de globo de cristal azulón y base de acero (ambas piezas se pueden encontrar en Dom); el perchero de metal esmaltado con bolas doradas y la «redondita» silla tapizada con tela de rizo en amarillo limón (originales procedentes de Galuchat); las flores de plástico con tallo de metal (de Aldaba); y otras muchas piezas que les iremos mostrando.